martes, 5 de agosto de 2008

Mis inicios...

Ah verborreas, siempre verborreas que son como líquidos que hacen splash en tu rostro, esas de qué te sirven si al final se difuminan en la decadencia de los días que se vuelven raquíticos, llenos de grumo de desaire, de entradas difíciles de digerir y de salidas hediondas. Aquí estoy para escapar de ellas, aquí hecho un majareta que va de paradero en paradero buscando acallarlas, y plash, plash no puedo, me es ineluctable seguir vomitándolas, como si fuera un sentenciado a ir por allí como si fuera un obús malditamente imparable. Heme aquí por ello.

Me doy así la bienvenida en este pórtico que veo ancho y grande. Me siento como si hubiera comprado una jatazo en un cerro al cual me asomo y solo el estrepitoso aire vespertino me circunda. ¡Qué desaztre! Al menos alguien, mi compañera de avatares, sabe que he recalado por estos lares, y espero que pronto venga a unirse a mi anfitrionaje burdo por ahora, quién sabe si apoteósico después.

Con ella nos hemos peleado, por cuestiones triviales, y llamo triviales a la transustanciación de nuestras vidas en cuestiones que antes de conocernos eran plenamente de incumbencia de cada uno. Yo no me metía en su rutina, ni en la vivencialidad con sus amigos (aunque debo reconocer que sí le hacía joda para colarme en las reus con sus amigas, pero algo mínimo nomás) ni en sus gustos ni en nada, la respetaba en todos sus flancos, e igual ella a mí. Sin embargo algo comenzó a cambiar, algo que fue un boom para mi sensibilidad de gamo. La muy inche se dio una escalada brava al comportarse no como una enamorada, que por supuesto no lo era, ni como una hermana mayor (que por ser mi menor tampoco la habría hecho) sino como una madre suplente, resondrona ella, quisquillosa y antojadizamente sojuzgadora.

Todo se fue dando en un marco progresivo, como si fuera una áspide que me ha cercado, a mí que funjo de ardillita libre, maromera (marimbera a veces) y juguetona en arboles de copa alta. ¿Qué le hizo cambiar de la nada a tal punto de volverse una posesa-obseso-compulsiva?

Porque en verdad la estimo hago el esfuerzo de hacer un aguante, pero ya me cansé de hacerlo desde la trinchera de la oralidad, ahora me acantonó en estos lares para ir esta vez con la artillería de la escritura, y qué mejor que el andamiaje de nuestras peripecias para que ella pueda salir de sus trece, aquellos que le hacen insistir, que por los años que pasamos juntos ya ni siquiera quiere que lo nuestro se formalice como enamorados, sino como novios. siendo lo justo para ella mas no para mí.

-Ya no somos chiquillos -me dijo la última vez que hablamos
-Y eso qué - le refuté
-Como que qué. Que lo nuestro o va para el altar o no va para ningún lado.
-Pues ya que lo pones así, elijo lo segundo

Y me fui orondo, sacando pecho pecho austeramente reflexivo. Quiero recuperarla pero no para matrimoniarnos sino para que todo sea como antes, donde el futuro nos importaba un bledo, donde nos entrelazabamos sin incomodos hurgamientos, y donde ella no pensaba como ahora en el bochinche nupcial ni en ser madre ahora justito que este año cumplimos nuestra decada de haber egresado de colegio.

¿Será posible eso?

1 comentario:

Unknown dijo...

siento que leo una narracion teatral.y la historia continUa?