Del reposo en las barricas, ordenanzas del tiempo que custodian el buqué, a la planicie del festejo nupcial donde carnes y guisos se conjugan; al repiqueteo del clarete que cae sobre las copas de los amantes que se solazan ante el brillo de unas velas; a la cháchara de los amigos que hacen un brindis de fraternización una surta tarde veraniega; el vino se hace presente, regio y fragante. El pregón de los tiempos difíciles amaga con empañar aquellos gozosos momentos. Que el calentamiento global por aquí, que seísmos y tambores de guerra por allá, que crisis económica acullá. Vamos hombre, despójese del empacho pesimista y súmese a la ambrosía de hacer catarsis catando un divino vino, y no haga que la historia se escriba con úvulas de histeria.
¡A su salud!
sábado, 30 de enero de 2010
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