jueves, 26 de marzo de 2009

Juegos de Trasnoche

Las reflexiones sentidas, como ésta, tienen asidero en las noches en las que revolotean sílfides o ángeles. ¿Tú qué eres eh Ale?



El enmarcado, las ilusiones, las penas, ¿A dónde virar, para no caer en las ciénagas del aturdimiento? Los días son como son, bichos afiebrados, y la noche aparece como su paño frío. Intermitencias confusas que revolotean en mi cabeza se allanan, sin querer, a un haz que funge de aclaración. Tengo la necesidad de compartir mis ahíncos, bemoles y demás desbarajustes. No hay con quién hasta que te encuentro, tu mundo, tu esencia, tu prosapia se plasman en una imagen con un posar que no es delicuescente. Las divagaciones empiezan, tú mirada te denota ni muy arisca ni muy permisiva. ¿Por qué Ale?, digo, ¿Por qué la sutileza de tu expresividad? Trato de ser inherentemente ecuánime, pero tu rostro se vislumbra bajo un perfil inefable, pareces la niña, o ni tan niña, de ensueño alado, que bifurca sus suspiros en reminiscencias y en prospectivas, que resalta reciedumbre con cierto melindre, que plasma su inspiración aleccionadora en un “even the rockest thing can be sweet! eveN the RoUGHEst can bE... PiNk”. Creo que leer repetidamente eso puede actuar como un efectivo alcaloide para neutralizar mis ansias, pero sobre todo me da la pista de que soy muy pretencioso al anhelar descifrarte únicamente de un tirón. Me remito a tu gracia irresistible, ¿perturbadora?, tengo a mi lado un cigarrillo que va turbando mi vista con el humo serpenteado que forma. A este paso sé que no arribaré a nada, me decido entonces a dar un pacto tácito de alucinar que soy Peter Pan y tú Tinkerbell. Agarro entonces tu guitarra rosada, capto toda la influencia que pueda avenirse al darle rasguños a sus cuerdas, y me doy cuenta que quiero ser tu acompañante en el arcén de nuestras imaginaciones. ¿Llegaremos a converger? ¿A observar desde un pretil el crepúsculo arrebatador del trajín ido? Las pértigas del reloj me indican que la noche está muy avanzada, y van dejando precedente de que hay sonrisas candorosas llenas de gracia triste que se cuajan como transparentes haciendo el esfuerzo estirado de flirtear con el flash rictus tachonados de rémoras; pero oh Ale a ti te sale tan bien, tu esplendor mesurado irradia tal cautividad que eres el contraste de cuchucientas mil sonrisas huachafosas que no tienen el ingrediente donoso de lo que tú sí. Empero, mis reflexiones tienen otro asidero, uno que netamente se oculta en las auras nocturnas. Vuelo entonces hacia otro lado, y siento la prestancia de poseer el ánima peterpanesca para arrullarme en los mahones que tapizan las profundidades de tus sentimientos, o al menos eso intento. ¿Por qué, Tinkerbell? ¿Por qué la sutileza de tu expresividad? Revoloteo y revoloteo sobre mandrágoras, gordolobos y arrayanes, intentando hallarte, esa es mi perentoria consigna. Hay cosas que no son bien consideradas, cosas como el canto que voy escuchando, “la, la, la, y la vida, y la vida, y la vida se me va para siempre en tu mirada la, la, la”, dice el estribillo. Me obnubilo, me detengo, o mejor dicho la eufonía lo hace. El pelaje se me pone gélido, estoy como inerte, y siento que mi aceleración cavilante se triplica. ¿Te has dado cuenta que estoy al acecho y que empiezo a exudar un miedo que percibes y que en cierta medida te da confianza? De súbito te conviertes en un ánima luminiscente, eres frágil y a la vez estremecedora. “¿Quién eres?”, preguntas con voz atiplada. “Soy, eh, soy Peter Pan”, respondo esquivando tu mirada de almíbar. “Mientes, lárgate, no te conozco”, y te das media vuelta. Quedo pétreo, regurgito. Alzas vuelo, y te vas alejando, por unos instantes muestro un rostro desmejorado, el desaire cunde hasta que un chispazo lúcido me hace dar cuenta. Sonrío, me asombra la destreza con la que has pretendido forjar conceptos erróneos acerca de ti, como esa sonrisa tuya, que la mesuraste adrede porque sabías de antemano que yo iba a caer en tu juego y tú no en el mío como lo creí ingenuamente. Decido seguirte porque así volaras mil años luz, I´m sure, like you, thErE'S nO tHing unrEAchAble. Te doy alcance, la noche va llegando a su capitulación, tu brillo refulge en mi sublimidad, y ya no soy Peter Pan, ni ya te veo como Tinkerbell. Me despojo de todo titubeo reconociendo que he fallado en mi intento inquisidor.
—Tienes razón no lo soy.
—Ah, ves. Pero ¿quién eres entonces?
Callo anonadado porque tu gracia afable se posa hasta en mis visillos más correosos.
—Grábatelo bien Ale, soy el capitán de los propósitos ignotos que en su febril desquicio quiere jugar a ser poeta, y quiere que tú seas su inspiración.
Agarras tu guitarra rosada, me sonríes asintiendo, y me haces una señal para acompañarte hacia un vuelo tal vez sin destino final. “Y tus ojos, y tus ojos, y tus ojos me dejaron como tonta hipnotizada, la, la, la”, es el susurro que me lanzas cual si fueran tus labios los disparadores de una melodía celestial.

2 comentarios:

Daphne dijo...

ay qué lindo, qué tierno, qué todo!

por cierto... con diccionario en mano y mucho esfuerzo, logré entender el comentario! jajaja
un beso!

te reto a mandar la foto! a ver si te atreves!!

Lolle dijo...

hoy estoy con dolor de cabeza y no pude leer...

pero...

cuando me pase lo leo, mientras tanto saludos!