miércoles, 15 de abril de 2009

Me lo lloro

¡¡¡¡Embebeme con tu voz, asfixiame de pasión!!!! (Q.E.P.D)



Chacapalpa, 15 de abril del 2009

Querida Justinila

Aprovecho estos últimos instantes para saludarte mi Justinila linda por estos 35 años de haber andado juntitos, con nuestras vacas, pachos, chaplas y la compañía de las criaturas que Diosito nos ha dado producto del amor purito y transparente que entre nosotros nació cuando aún muchachos nos conocimos en las orillas del río Cunas. Siempre supe que serías para mí, incluso a sabiendas que tu padre iba a ponerle trabas a nuestra relación. El verde valle, el impredecible cielo y los imponentes montes han atestiguado que con fe y tesón logramos hacernos al principio de una miserable choza en la que soportamos todo tipo de tiranías, especialmente las fraguadas por el destino al querer importunarnos con las llamas de desconfianza y resquemor sembradas alguna vez por quienes se decían llamar amigos nuestros. Ahí mismo, y como recompensa a nuestro aguante la vida nos sonrió con la bendición de nuestro primer hijo, la adquisición de una casita de adobe, al principio maltrecha pero con mucho cariño refaccionada por nuestras manos. No me puedo quejar, después de nuestro Pedro, vinieron el Andrés, Jacobo, Juan, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Jacobo Alfeo, Tadeo y Simón. La felicidad ha sido amplísima a pesar de las muchas adversidades inherentes a los que como nosotros viven relegados y utilizados por los que dicen amar nuestro pueblo, cuando bien sabemos que a esa gente sólo le interesan los yacimientos encontrados y a nosotros que nos lleve el diablo. Pero no importa, como un día dijiste haciendo alusión a nuestro Iscariotito, que ya no llegó a nacer en nuestro seno y que tal vez nazca pero ya en la familia que pronto habrá de conformar nuestro Pedro, pronto habrá de cambiar la historia. Dile de mi parte que por favor a su primer ñaño lo llame así, Iscariote, como fiel cumplimiento de lo que tú quisiste y ya no pudo ser. Y dile además que lo prepare mucho para que cuando crezca se dirija a la gran urbe a curtirse mejor que nosotros y vindicarnos así ante las demás gentes, porque sépase mi querida Justinila que sólo uno de los nuestros podrá bregar por un real cambio de nuestra abandonada realidad. Por eso aprovecho para despedirme, dejando constancia que aparte de amarte como te amo, tanto como a mis hijos, también amo a mi país con una locura única sabiendo que algún día esta exigua contribución que hago dando mi vida por ella habrá de servir para que se haga realidad la esperanza que fielmente guardo, la de vernos libres, prósperos y sin violencia como la que estos foráneos demuestran al haberme maltratado largo rato, y que por resistir a unirme a sus filas pronto habrán de mandarme al más bonito de los sueños, ese que el curita llama eterno. Te amo, de verás mi chola linda, ricotona. No llores, al leer estas líneas, sólo recuerda que desde donde esté estaré velando por ti y por nuestros hijos, pero sobre todo por nuestro poblado que algún día se verá libertado de la férula de esa gente que no entiende cuánto daño nos ha hecho. Como despedida ya final, final, quiero confesarte que el tiro de gracia que me espera en el paredón no provendrá de un fusil o pistola, provendrá de la última letra que escriba en esta carta, la última que bombee mis acérrimas convicciones que espero las perpetúen tú y mis hijos. Adiós mi sonccollay, adiós mi wayllusqa warmi.

Te ama por siempre

Rupeshto

No hay comentarios: