domingo, 26 de julio de 2009

Opúsculo Patriotero

“Desde estos momentos el Perú es libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la causa que Dios defiende”

Palabra de más, palabras de menos, esas fueron las que se pronunciaron, o al menos así nos dice la historia que fue, y no sé, últimamente como que no le creo mucho, y no es que no me convenza mucho su sentido verídico sino que ando cambiando mi percepción focalizadora de las cosas, poco a poco voy propulsando mis dilecciones hacia la iconoclasia, oh, oh, vaya inferencia la que voy a decir, o sea voy revistiéndome de identidad iconoclasta. Pero hay un añadido, un aderezo de esa premisa, tengo que partir de una base andina para adentrarme en la comprensión de este país que comprende otras dos zonas topográficas a las que con todo pesar tengo que dejar de lado y no por conocer poco o casi nada de aquellas, sino porque valga mi redundancia redundante no nací en ninguna de ellas.
Me cuesta un poco tratar este tema. Pienso en la desnutrición infantil y en su nefasta ascendencia y no hallo la suficiente lucidez como para dar escorrentía a mis ideas; pienso en el friaje imperante que nuestros compatriotas yacientes sobre los 3500 m.s.n.m. tienen que padecer (y que alguien por allí dijo que esas siglas hacían alusión a “metros signados de nomenclatura mortal” con el añadido de que estando más cerca al cielo parecería que lo están del infierno del que se dice está en el centro de la Tierra y es un emplazamiento de abandono de toda esperanza) y nada. Pienso en la tuberculosis senil, en su bacilo que reposa cual si fuera el sedimento de algún trago espirituoso a la espera de una oportunidad para multiplicarse y actuar en un organismo que ha ido mandando sus defensas por un sumidero de suplicios vitamínicos, carestías proteicas, insuficiencias minerales, ayudados por un natural desgaste corporal de un cuerpo que muchas veces es cloacal, y nada, sigo vendado. Pienso en los relaves mineros, el caballo de Troya destructivo de la serranía, con toda esa miríada de agentes tóxicos que son lanzadas como flatulencias químicas, y allí ya en algo siento iluminarse mi foco. Pienso en los cientos de compatriotas que con implementos como la ojota y la chaquitaclla aún hacen valer sus prácticas agrícolas siquiera para tener unos acres de subsistencia estacional, pienso en los sombreros alforzados de los taytas que ven menoscabarse sus folclóricas sapiencias por un esnobismo que muchos estólidos le llaman modernismo, y entonces ya voy entrando en el calor de un haz patriótico que alumbra mis recovecos neuronales.

Pienso en la bonita lliclla que colgaba en los hombros de una mamita mientras me iba contando sus penas de alto calibre susceptible de matarse desde el despunte del sol, o quizá antes, hasta su ocultamiento, o quizá hasta después para recibir la exorbitancia de 500 céntimos por un día de labor labrantía, que me imagino sacando de lado esa calamitosa retribución no es tan mala pues le daban opción de no separarse de sus ñañitos, de regresar a su chabola para cocinar algo y así sus hijos mayores al regresar de la escuela podían encontrar en sus platos tal vez apostillados o tal vez intactos, o quién puede saber eso sino ellos mismos, (tampoco le voy estar preguntando a la mamita eso no?) algo de comida caliente que más que alimento pueda ser ingerido como nutriente, y de repente no serán nuggets pero son deliciosas mazorcas de maíz, según me asegura, hervidos con hierbabuena, (y delibero una excentricidad, si la otra hierba, o sea la que es perniciosamente buena la hiciéramos hervir, ¿sería una infusión de propiedades símiles a cuando se la fuma?, tic tac, tic tac, tic tac, que siga corriendo mi duda) y no será un menú completo pero al menos su degustación no da lugar a berrinches selectivos de ¡aj qué asco, uy qué salado, guay qué grasoso! Pienso, pienso, pienso y pienso, ahora que estamos en fechas de estimulación festiva nacional, hay un silogismo que se me viene a la mente y es el siguiente harto cantaleteado: sin educación es imposible subirse al carril de la productividad del buen empleo y progresar, ahora bien sin una buena salud uno no se puede educar adecuadamente pues hay propensión a estar entre trompicones, discontinuidades y desvaríos que apareciéndose en múltiples manifestaciones infecciosas, bacteriales, virales (entre otras) tienden a orillarlo a uno al más allá más que al más pa’ca, pasando el significado camístico de ser un lugar de reposo o engarce carnal a uno de postración y truncamiento de planes, para algunos temporalmente, para otros para siempre. Pero una buena salud no se sostiene sino con una alimentación compuesta por las tres “eses” de sabrosa, sustanciosa y sin número. Sabroso para embelesar a cualquier comensal, sea éste oriundo o foráneo, sustancioso para dotarle de un contundente balanceo nutritivo, y sinnúmero para no caer en el hartazgo de estar en lo mismo sin demostrar inventiva en una cocina que siendo como lo es la nuestra ha demostrado todo lo contrario. Así se abre paso nuestra gastronomía, a la que considero punto de partida para como peruanos entender primero la idiosincrasia de nuestra proveniencia, ello servirá para hacer un deslinde y una posterior compenetración con otras ciudades, zonas y/o regiones de toda esta vastedad territorial que en tiempos incaicos comprendió al Chinchasuyu, Contisuyu, Collasuyu y Antisuyu, en tiempos coloniales intendencias bajo la regiduría virreinal, en los inicios republicanos recién vendrían las provincias y departamentos para con el pasar de los años añadirse una zonificación por regiones. El planteamiento de Pulgar Vidal y sus pisos ecológicos me hacen dar cuenta del ingenio, desde la perspectiva naturalista, que este gran geógrafo tuvo para ver nuestra patria, y claro, no puedo dejar de lado la clásica división de nuestras tres grandes regiones naturales como lo son la selva, sierra y selva. En realidad es un temón esto, ya dije que me enfoco y trato de enfocarme en lo que respecta al Ande, es decir la sierra para de allí encontrar el catalizador que me permita querer más de lo que ya quiero a este país de las mil y un necesidades y por ende de las mil y un oportunidades, no para vislumbrar un collage de improvisaciones como esos sonidos homófonos que son el réquiem de mucha gente que no sabe leer ni escribir, que habla quechua, jíbaro, aymara, achuar, ashaninka o bora, que despabila una querencia distinta hacia lo suyo y por amar lo suyo muchos los critican, los desdeñan, los satanizan como chusmas andantes cuando quién es la chusma en este país, ¿el que viste Chanel? (y hay algunos alienaditos que en el colmo de su verbigracia huecuda y conchuda osan escribir Channel), ¿el que va a Café del Mar y estudia en lo caché de las instituciones superiores de la capital? ¿O será el que viste camisa Pepín Mozcate de una tienda arrimada en la galería Unicachi de Gamarra, va a bailantas domingueras en antros de llano polvoroso y no osa estudiar porque considera que si lo hace en una entidad estatal va a perder su tiempo? No lo sé, no tengo la ramplonería suficiente como para decir quién es quién dentro de lo que chusma pueda significar en un país que de alguna manera a todos nos sume en la ignorancia por no querer dar cabida a una ampliación cognoscitiva de lo que es entender nuestra cultura en la totalidad y diversidad de sus modos de comportamiento socialmente adquiridos, sí, sí, sí, de la peruana, esa que dice que el ceviche y machu picchu son en ese orden singladura de delicia y maravilla, pero no quiere reconocer, y se hace uno el loco olímpico (menos mal que eso se está rompiendo de a pocos), que la criollada e informalidad nos bombardean en muchas situaciones vivenciales que van desde esas ganas de orinar que nos coge en alguna calle oscura y claro como nadie nos ve, plish, plish, abajo la bragueta, afuera el pico, y plish, plish, se le da una lavada úrica a la pared o poste que paga pato, hasta la atroz consideración de lanzar coprolalias cuando vemos conducir a un desconocido en estado de embriaguez pero justificamos de manera munificente a aquellos que son de nuestro entorno, sean patas, familia, yuntas o amigos (¿o tú llamarías a la policía denunciando que tu brother del alma está conduciendo por la av. aviación en estado de ebriedad?) (y después uno tiende a quejarse de los dislates que hacen los políticos, que otorongo no come otorongo, que mi bancada no te denuncia si tampoco la tuya lo hace conmigo, pero claro pues, ¿cómo no va a ser así, ellos de dónde vinieron eh?, ¿no vinieron del llano acaso?, hasta cuando uno no sea capaz de tener la entereza de denunciar infracciones hasta de un amigo del alma, hasta ese entonces uno tendrá que aguantarse las ganas de ver un congreso decente, un ejecutivo probo y un funcionariado blindado de corruptelas que en el llano cuando uno está frente al tombo que está presto a emitir papeleta de infracción, para que no lo haga se le da un sencillito siendo la única diferencia que en las lides burócratas la cantidad cambia, son millones, pero la maña queda. Esa es una gran pauta reflexiva para estas fiestas patrias, En el plano coterráneo hay muchos que venimos del Ande, aunque pocos tengamos una educación privilegiada, pero eso que no nos haga caer en el vendaje capitalino de dejar de lado a las demás ciudades tanto de la selva, la costa y la sierra que esperan no ser centro de atención tan sólo por ser paradas de turismo sino que vislumbran convertirse en plataformas de conocimientos que nos draguen del vil vicio de ignorar sus realidades, el mismo que se abotarga de exclusión, racismo e indolencia. Hay una frase que dice “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” Pos esa es la verdadera libertad que quiero creer aludió el che San Martín, no la de ser libres en el sentido de vernos desligados de la atadura colonialista sino la de conocernos más como conciudadanos, como pueblos alegremente hermanados no sólo en el progreso y el buen visaje con el que viven algunos sino también como pueblo solidario para con quienes aún continúan en el atraso y sus gestos frente a la pregunta de qué es lo que esperas de tu país es una fruncida mueca de ira, decepción e impotencia de ver que han pasado 188 años y casi nada, excepto su tortuoso pesar, no ha cambiado para ellos. Remitiéndome a Sócrates, la virtud deriva del conocimiento y aquellos que conocen el bien y se aman, amarán a su país amando a los habitantes que lo conforman, y será su manifiesto, y será su legado extraordinario para aquellos que han de venir después de ellos, o sea sus hijos y los hijos de sus hijos y así hasta el fin del mundo.
Yo como bisoño iconoclasta (y ojo que mi iconoclasia, dándole un puntapié a su fiel significado, apunta a cosas positivas y constructivas) comparto de corazón mi primera conclusión iconoclasta: para concretar esta vaina no se piensa, al menos no mucho, sino se hace y se actúa sin estar mirando el “sine qua non” que muchos miran pasando a convertirse en vectores de la venalidad que hiede a muerte, a muerte de nuestros más sublimes valores.


Felices Fiestas Patrias

Atentamente

Frederick Siccardi

(PPA)

La Incontrastable, Julio del 2009

1 comentario:

Lolle dijo...

Wow!
el discurso te salió mejor que a Alan García ^^

estas en Huancayo??
lo digo por eso de "La Incontrastable"

bueno yo si estoy =D y me kedo durante todas mis cortas vacaciones universitarias =D